jueves, 18 de enero de 2018

Las opiniones y los culos.


Soy una defensora de Twitter. Me gusta mucho la idea de plasmar pensamientos cortos, inmediatos, chorradas, chistes, fotos, ideas más o menos profundas. Pero últimamente se está echando a perder por culpa de la sociedad absurda que estamos montando.
Uno de los problemas de hoy en día es que las redes sociales e internet, que en sí mismas pueden ser cosas maravillosas, han dado pábulo a toda clase de gilipollas. Y todo el mundo cree que su opinión es súper importante, súper interesante y que DEBE ser escuchada y respetada. Y bueno, todo el mundo tiene derecho a una opinión. Lo que pasa es que tu opinión puede ser una gilipollez, puede no interesar a nadie o puede ser que nadie te la haya pedido. Y tú la puedes dar, claro. Pero atente a las consecuencias. Y tu opinión no es más importante que la del resto. Eso es algo con los que deberíamos contar todos.
No sé si me explico.
El problema de Twitter ahora mismo es que tú dices “Me estoy comiendo unas cerezas” y habrá mil comentarios, unos que digan “qué ricas” y otros que digan “no me gustan las cerezas”. Y vale. Lo feo empieza cuando llegan los que te exigen que dejes de comer cerezas porque son lo peor y que comas manzanas. Lo que dicen que no estás pensando en los pobres agricultores que recogen cerezas por un sueldo mísero. Los que te dicen que las cerezas vienen de Extremadura y que si has visto el documental de las Hurdes. Los que te dicen que claro, tú comes cerezas tan tranquilo mientras en África la gente se muere de hambre. Los que te dicen que ya que estás comiendo cerezas, les enseñes las peras. Y los que te llaman nazi de las manzanas porque prefieres las cerezas. Y a ti se te quitan las ganas de comer cerezas y de vivir así de golpe.
El otro día se montó polémica porque una madre dijo que su niño desayunada garbanzos. Que yo ya dije lo que opino de los pesaos de la nutrición que tanto abundan hoy en día. Y hoy se ha montado polémica porque hay gente a la que le gusta operación triunfo y otros a los que no. Y yo no entiendo por qué hoy en día nos empeñamos en que a todo el mundo le tenga que gustar lo que a nosotros y además les aleccionemos para que hagan las cosas como a nosotros nos gustan.
A mí no me gusta operación triunfo. Y no lo veo. Así de sencillo. Porque hay muchas cosas que no me gustan. No me gustan los pelos de colores tipo mi pequeño pony que se llevan ahora. No me gustan los botines con los dedos al aire. No me gustan los cachopos, ni las espinacas, ni el ajo, ni la quinoa. No me gustan los pantalones hasta los sobacos, ni las deportivas fluorescentes, ni los abrigos de pelocho. No me gustan los iphone, ni las tablet, ni las consolas de videojuegos. No me gusta el rap, ni el reguetón, ni la música electrónica. No me gustan muchas cosas. Pero no las hago, no las compro, no las veo, no las como. PUNTO. A quien le guste, que lo haga. Y que me deje en paz con lo mío como yo les dejo en paz con lo suyo. De verdad que no veo el puto problema. No veo qué parte no se entiende del “vive y deja vivir”.
Pero no, hoy en día te comes una galleta y vienen venticinco personas a decirte que no son sanas y que tienen azúcar. Porque al parecer tú eres imbécil y crees que las galletas son sanas y frescas, recién recogidas del venerable árbol galletero. Que ya sé que tienen azúcar, pero a lo mejor, a lo mejor eh, me quiero comer una galleta sin que me la amargue nadie. Y además, mira, que me dejes, pesao, que te vayas a pastar ya que la hierba es sana. Que luego los mismos que se te echan encima por una galleta se toman tres copas de vino, o un gintonic, o comen fritos cuatro días en semana. Déjame comerme mi puta galleta, cojones, déjame en paz. Que no he pedido tu opinión, ni me interesa, ni quiero escucharla, ni nada de nada. Déjame vivir. Vete a darle tu discursito a quien te quiera escuchar, que por cierto, no soy yo.
Pero no, hoy en día es imposible hacer nada sin que aparezca un opinólogo de debajo de una piedra para decirte que lo estás haciendo todo mal. Y esos opinólogos profesionales, que yo creo que invierten todo su tiempo en buscar cosas con las que no están de acuerdo para criticarlas, se vanaglorian de decir que “sólo están dando su opinión” como si eso fuera bulo para abrir su bocaza y escupirte toda su mierda. Eso sí, ya te cuidarás mucho de responder, de opinar distinto o de contradecirles, que se te cae el pelo. Porque ellos tienen derecho a dar su opinión siempre, por y para todo, pero no escuchan jamás, no quieren saber nada que no les baile el agua y no aceptan el más mínimo atisbo de flexibilidad. Porque poseen la verdad absoluta. No se dan cuenta de que las opiniones son como los culos, que todos tenemos uno, pero los que nos dan asco son los de los demás. Que creemos que l nuestro está bien, pero los demás apestan. Y que por mucho que lo blanquees, seguirá siendo un culo. Y a mí esa gente que cree que su culo importa más que el resto de los culos no me gusta. Me gusta menos que los pelos de pony, los pantalones ochenteros y el reguetón juntos. Y con eso os hacéis una idea.



sábado, 13 de enero de 2018

Me asomo a la ventana eres el recuerdo de ayer...

He estado a punto de llamarte. De decirte lo que acababa de pasar, porque era esa mezcla que me encanta de absurdo y gracioso. Luego me he acordado de que nosotros no hablamos. O sea, sí, podemos hablar, pero no solemos hacerlo. Nos vemos una vez al año, nos abrazamos muy fuerte, nos miramos un momento a los ojos, nos decimos muchas cosas con pocas palabras, nos hacemos un guiño entre la multitud, nos suspiramos al oído cuando nos despedimos. Y ya. Porque si hablamos, si hay comunicación, ponemos en riesgo nuestro orden dentro del caos. Y no queremos hacerlo. Ahora menos que nunca.
Pero lo he pensado, te lo juro. Porque si veo esa escena en una película, pienso que es un cliché que ya aburre de tan manido. Pero así ha sido. Yo iba conduciendo con mi amiga al lado. Habíamos cenado, nos habíamos reído a carcajadas. Como he ido por la M-30 y pasado por el túnel, en lugar de la radio llevaba un CD puesto. Y por casualidad, por pura casualidad, justo empezaba a sonar nuestra canción. Y ahí, justo ahí, cuando dice eso de “...y ahí voy, a romper las telarañas de tu corazón, verás como se escampa...” he parado en un semáforo y mirado a la derecha. Y estabas tú. Estabas tras las cristaleras de una cafetería. Sentado en una mesa, pegado a la ventana que daba a la calle. Como una puta película romántica de mierda.
Hacía meses que no pensaba en ti, pero hacía apenas diez minutos te había nombrado. Y de repente, pum, tú. Tú, ahí, tras la cristalera, con nuestra canción de fondo. No me jodas.
De hecho, recuerdo la última vez que pensé en ti antes de hoy. Hace meses tu recuerdo me fulminó como un rayo. Estaba en el trabajo. Y el director se llama como tú. No tiene nada de especial, es un nombre súper común. Mi padre se llama así, de hecho. Pero claro, para mí es “papá”, no le llamo por su nombre. Y curiosamente, no hay más gente en mi vida con ese nombre. Así que entró el director en mi despacho a dejarme unos papeles. Los cogí sin mirarle porque estaba liada y le dije “Gracias, nombre acortado”. Y boooooouuuum. Un puto trailer que me pasa por encima. Hasta ese momento no le había llamado así, siempre le había llamado por su nombre completo. Y no lo he vuelto a hacer. Porque por el nombre acortado sólo te he llamado a ti. Y si lo digo, me tiembla el pulso. Como ese día, que según lo dije, aunque creo que mantuve la compostura, el director me miró. Y el tío tiene una forma de mirar muy parecida a la tuya. Esa así que parece medio esquiva y que cuando se fija en ti te traspasa de lado a lado. Y me sonrió y me dijo algo de esos papeles que yo sujetaba en la mano mientras creo que ambos sabíamos que algo raro, una especie de viento helado y sofocante a la vez, acababa de pasar entre nosotros.
No le he dicho nada a mi amiga. He girado la cabeza un poco, según pasábamos para verte de nuevo por la cristalera del bar. En ese momento te has tocado la nuca, casi como en un gesto inconsciente. Quiero pensar, para rizar el rizo de la escena, que has sentido un cosquilleo. Era yo, mi yo del pasado susurrándote detrás de la oreja ese nombre acortado por el que sólo te he llamado a ti y por el que sólo yo te llamo. He seguido avanzando sin mirar atrás de nuevo. Y hemos seguido charlando mi amiga y yo mientras nuestros caminos se iban separando otra vez, tras un punto de tangencia casual.


¿Sabes? Todo va bien. Todo va muy, muy bien. Tanto, que no pienso tan a menudo en ti. Tengo todo lo que puedo desear. Y tú sólo eres un recuerdo. El mejor, pero un recuerdo. Y no quiero que eso cambie porque es mucho mejor así. Pero joder. He hablado de ti y te he visto por la ventana de la cafetería. Y tenía que decírtelo.  

sábado, 6 de enero de 2018

Mi padre es mi Rey Mago

Trabajar todo el día con gente que está enferma, que es muy mayor o que es joven pero está fatal te abre mucho los ojos. Porque algunos somos afortunados y nos creemos que eso es lo normal. Que levantarse y estar sano y vivo y que los tuyos estén ahí, sanos y vivos es lo normal. Y no. Es lo esperable, lo deseable, lo ideal. Pero no algo que dar por supuesto, que dar por seguro. Es una suerte y hay que agradecerlo todos los días.
El otro día estuvo el hijo de un usuario hablando conmigo en el trabajo. El hombre ha entrado hace poco, es bastante joven (se acaba de jubilar) y está bastante malito. No voy a dar explicaciones, obviamente, pero unas cosas se han complicado con otras y tiene un tumor en el cerebro. El hijo me decía entre lágrimas que sólo quería que su padre volviera a ser el mismo, el hombre inteligente, conversador, cariñoso y alegre que era hace unos meses. Las otras dos compañeras que estaban en el despacho y yo intercambiamos una mirada fugaz. Porque sabemos que eso seguramente no ocurra.
Anoche cuando vi a mi padre le abracé un poco más de lo normal. Le abrazo mucho y le intento ver casi todos los días y hablamos mucho y todo eso. Pero ay. Anoche le miraba y pensaba “qué joven y qué guapo está todavía mi papá.” Además a mi padre la noche de Reyes le gusta mucho, así que estaba especialmente contento. No es por los regalos, ni por que por fin se termine la locura navideña. A mi padre le gusta porque él cree en los Reyes Magos. Siempre cuenta que cuando era pequeño iba al banco donde trabajaba mi abuelo y los veía en sus tronos, le daban caramelos y un juguete. Luego en casa le dejaban más cosas, sobre todo calcetines, que mi padre siempre los rompe, un pijama, algún chocolate... Y aunque los otros niños de su barrio le decían que los reyes no existían, él no hacía caso ¿Cómo no iban a existir si él iba a la sede del banco y los veía en sus tronos, con sus capas de colores, sus coronas y le daban caramelos y juguetes? Y creo que aún, a los sesentaypocos, lo sigue pensando.
Muchos años más tarde, mi padre fue Rey Baltasar en la cabalgata de Pueblodelsur. Fue raro, porque mi padre era rubio (ahora tiene el pelo blanco) y tiene los ojos verdes muy claros, pero pocas veces le he visto más feliz y con una sonrisa más grande que aquella en la cara tiznada de negro. Iba subido a su pequeña y humilde carroza de pueblo, tirando caramelos y dando juguetes, pasando por las casas de los niños más pequeños del pueblo y devolviendo un poco de toda aquella ilusión que le dieron a él aquellos reyes que le cogían sobre las rodillas en la sede del banco.
Aquél día que mi padre fue Rey Baltasar yo recuperé la fe en ellos Reyes Magos. Era adolescente, había pasado la crisis de “me han mentido porque los reyes no existen” y mantenía que si alguna vez llegaba a tener hijos no les haría creer en esas cosas. Creía que lo sabía todo. Creía que siempre se es joven y guapo y sano. Tenía abuelos jóvenes, bisabuela en estupendo estado y padres de la edad que tengo yo ahora. Y pensaba que eso era lo normal y que sería así siempre. Ahora sé que no. ahora mi bisabuela no está, mis abuelos son muy mayores y la yaya ha pasado las navidades malita con un catarro fuerte. Yo no soy tan joven ni tan guapa ni creo que sepa nada. Y cada día voy a mi trabajo, que me encanta, pero en el que veo cosas muy duras. Veo gente con la cabeza totalmente perdida que no reconoce a sus propios hijos. Veo familias tristes porque su madre huye de ellos porque son desconocidos y la asustan. Veo hijos que lloran en mi despacho porque su padre no es el mismo y de repente está enfadado y no habla y se queja porque sufre dolores y no saben cómo ayudarle. Veo cosas que rompen el corazón. Así que vuelvo a casa y veo a mi padre y a mi madre aún jóvenes, sanos y guapos y quiero abrazarles y parar el tiempo, no dejar que envejezcan ni que enfermen ni que dejen de ser nunca mis papás.
Cada año en la noche de Reyes busco en mi memoria para acordarme de aquellos años en los que yo era pequeña y mi padre me supo trasmitir toda la ilusión que él tuvo de niño a pesar de mi escepticismo natural desde que era una mocosa. Sigo rebuscando y me acuerdo de mi padre vestido de Baltasar repartiendo caramelos y juguetes por Pueblodelsur tan feliz, tan lleno de ilusión, con sus ojos claros en la cara pintada de negro. Y entonces me doy cuenta de que los Reyes sí existen. Y son los padres. Y eso es maravilloso.


jueves, 28 de diciembre de 2017

Repaso del 2017 y... ¡Feliz Año Nuevo 2018!

Hoy hace un año que apareció Maya en mi vida, pequeñita y negra, con un maullido alegre a todas horas y con muchas ganas de querernos a todos. Nos frotaba su diminuta cabecita y desde la primera vez que la cogí en brazos, se hacía una rosquita muy pequeña en mi regazo y ronroneaba fuerte. Tuve mucha suerte de que una gata negra se cruzara en mi camino y doy gracias por tenerla cada día. Aún me pregunto cómo siendo tan negra ha podido llenar mi vida con tanta luz.
El 2017 ha sido un año... intenso. Me recuerda mucho al 97, aquél que parece que pasó hace poco y cuyos recuerdos han cumplido 20 años ya. Al parecer los años que terminan en 7 son de los que no pasan desapercibidos en mi vida.
El caso es que este año empezó muy mal. Justo después de Reyes, Ron se puso muy malito. Quizás en parte por la venida de la peque, tuvo un brote de toxoplasmosis que casi le cuesta la vida. Nunca agradeceré lo suficiente al equipo de Gattos, lo que hizo para salvarle. Y con mucho esfuerzo, al final se puso bien. Nunca olvidaré esas noches. La que él estuvo ingresado y yo no pude dejar de llorar. Las que pasé en el sofá sin dormir nada, bajándole la fiebre con pañitos húmedos, dándole de comer con una jeringuilla, dándole antibóticos, acunándole en brazos. Fue horrible. Sin embargo, Ron es fuerte y volvió a comer solo, volvió a moverse, volvió a jugar. Volvió a pedir comida a las seis de la mañana haciendo que madrugara feliz. Volvió a ser el mismo de antes.
Después las cosas empezaron a torcerse en otros sentidos. Mi relación con el Ross se fue deteriorando por las mentiras, la dejadez, el tedio. Me sentí perdida, absurda, sola. Me sentí traicionada, humillada, abandonada. Me sentí triste, rota y... triste, sobre todo triste. Quise poner todo de mi parte, quise luchar, quise intentarlo mil veces. Pero en una relación no puede remar uno solo porque la barca da vueltas sobre sí misma y pareces gilipollas. Así que en junio me harté y salté de la barca. A la mierda. Mejor nadar solo que remar solo en una barca donde hay dos personas.
Y entonces encontré trabajo. A la vez. Él recogió sus cosas el día que yo empezaba a trabajar. Y me dio igual. Intuía que venían tiempos mejores.
Y no me equivoqué. El verano, aunque trabajando, fue bastante bueno. Hice unas amigas fantásticas en el trabajo. Pasé muchos viernes tomando cañas con ellas a la salida y riendo a carcajadas. Me visitaron las cabras (mis amigas blogger), fuimos a la sierra, nos bañamos en el río. Me renovaron el contrato, me felicitaron por mi trabajo. Volví a sentirme útil, válida, buena profesional. Y entonces me llamaron de otro trabajo. Uno de esos que sueñas, pero no crees que puedas conseguir. Uno con responsabilidad, posibilidades de crecer, incentivos, objetivos, cesta de Navidad. Confiaron en mí, me dieron todo lo que pedí, invirtieron en mi proyecto a ciegas. Y entonces sí, sí me creció el ego, la confianza, la seguridad que había tenido siempre en que era una buena profesional y que los años en el paro habían mellado.
Y ahora termina el año. Y me da pena. Porque todo está bien, todo está tan bien que tengo miedo. Cada día tengo miedo de despertarme y que haya sido un sueño. Que no sea verdad, que no tenga un trabajo tan bueno, que no tenga a mis niños sanos, que no tenga a mi familia ahí, que no tenga a mis amigos, a mis cabras, a mi Niño Chico. Que no tenga todo en su lugar como ahora. Por eso trato de aprovechar el momento, de disfrutar cada pequeña cosa. Me van a salir arrugas de sonreír, voy a desgastar a mis gatos de abrazarles.
Y sólo puedo desear que el 2018 se quede quietecito y deje todo como está. Que nos traiga salud para seguir disfrutando, trabajando, haciendo cosas que me gustan. Es todo lo que pido. El Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy.

Y a vosotros os deseo lo mejor de lo mejor. Que el 2018 sea un buen año para todos, que tengamos salud, trabajo, seres queridos que nos alegren los días y un poco de dinero para vivir sin apreturas. Muy, pero que muy feliz Año Nuevo a todos.

sábado, 23 de diciembre de 2017

Puesta al día y... ¡Feliz Navidad!

Acabo de ver que no publico desde el 6 de diciembre. Y os aseguro que no he tenido tiempo, porque cosas me han pasado a puñados. Pero hay rachas que no me da la vida para más. Estuve en los dos trabajos hasta el día 14. Hubo días que me dormí en el metro, que la gente me preguntaba por qué tenía tan mala cara y que toda mi comida en el día fueron un sándwich y unos fideos chinos de sobre. Por suerte, terminé en el trabajo de las tardes. Y al día siguiente tuve la cena de Navidad de mi nuevo trabajo. Hasta las tres y media de la mañana bailando en una pijoteca (discoteca pija, obviamente) y porque hice una bomba de humo y me escabullí, porque la gente se quedó allí pegando botes. Al día siguiente, que pensaba sentarme y contar el tema, se cayó un usuario en la calle y me tuve que ir al hospital porque está solito y no tiene a nadie en el mundo. Y porque yo soy una tonta que mi trabajo me gusta, me afecta y me traspasa la piel y no soy capaz de tomarme a las personas como si fueran archivadores que puedes aparcar hasta el lunes.
Después de todo eso, llegó la fiesta de Navidad del centro, con los abuelillos bailando villancicos a ritmo de rumba, la revisión de mis niños en el veterinario, la fiesta de Navidad de los alumnos de mi madre (también abuelos, para variar) y trabajo acumulado de todos estos días, que con el cachondeo la pila de papeles va creciendo por momentos. Toooootal, que no me da tiempo ni para comer algo que no sea sopa de sobre.
Y por fin, nos vemos en la víspera de Nochebuena y con la empanada de la cena sin hacer.
La verdad es que todo va tan bien últimamente que a ratos tengo miedo. Porque tengo un trabajo que no me atrevía ni a soñar. Mis amores Ron y Maya están sanos y felices. Mis familia está bien, con salud y sin problemas gordos. Me han dado una cesta de Navidad con paletilla, ibéricos, vino bueno, un queso y de todo, cosa que no había tenido nunca. Y lo único que puedo pedir es que todo siga como está, que el mundo se pare y nada cambie, aunque sé que eso no es posible.


Y bueno, llegados a este punto, ya os he puesto un poco al día y dadas las fechas en las que estamos sólo me queda desearos a todos.... ¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

miércoles, 6 de diciembre de 2017

¿Qué les pasa a los tíos?

De verdad que hay veces que me pregunto qué mierda pasa con los tíos. Yo, que he sido siempre defensora de los hombres, que he abanderado el #notallmen porque sé mejor que nadie que no todos son violadores ni machistas. Yo, me veo en la obligación de preguntar qué mierda pasa con los tíos.

Y es que esto es como algo que el otro día leí en tuiter, que una empieza diciendo que no es feminista, porque te suena muy radical. Luego sí, claro que eres feminista, pero no crees que haya machismo en todas partes. Y luego, vas fijándote mejor y oh, sí, sí hay machismo. Machismo everywhere.
En fin, el caso, que me disperso.
El otro día estaba en casa tranquilamente. Y con tranquilamente quiero decir dando cabezadas en el sofá a las 10 de la noche esperando para dar de cenar a los gatos e irme a dormir porque tener dos trabajos es agotador e insano y menos mal que me quedan sólo un par de semanas de seguir así porque si no me tiro por la ventana. Y me sonó el móvil. Por la mañana un tipo que venía conmigo al instituto y con el que jamás había cruzado palabra, me había hecho una solicitud en instagram y le había aceptado. Y de repente, me estaba hablando.
Y mira, si algo me da por el culo de las “redes sociales” es la gente que ha estado en tu vida la tira de años y no te ha hablado, los que te has cruzado por la calle y se han hecho los locos, los que han entrado en el mismo bar que tú y no te han saludado, pero luego llegan al facebook o a la red de turno que sea y de repente son tus mejores amigos y te comentan y te hablan y te mandan abrazos virtuales. Así conmigo no. NO.
El tipo en cuestión me decía que hola, que qué tal. Y yo, pues bien. Y va, el gilipollas, y me dice “sé que en el insti no hablamos mucho, pero siempre me has parecido muy atractiva y muy simpática” (sic). Y a mí que se me empieza a levantar la ceja y se me ponen los ojos en blanco aunque no quiera. Le contesto que lo dudo mucho más que nada porque en los años de instituto yo estaba horrible y soy simpática por los cojones. Y se ríe. Jajaja. Decidí en ese mismo momento que el tío es imbécil, cosa que intuía por lo que le conocí en su momento, pero lo confirmó con creces. “No, en serio, eres muy guapa.” Ay, zeñó, por qué. Le dije que hombre, que no iba a colgar fotos en las que saliera como un orco. Y el memo jajaja de nuevo. Y va, el tonto, porque hay que ser tonto, y me dice “te habrá sorprendido que te hable, ¿verdad? Igual te has quedado flipada”. Y mi ceja cada vez más pa´rriba y mis ojos que dan vueltas ya. Pues a ver, me sorprende que me hables porque no hemos hablado nunca y después de cuatro años viéndonos las caras cada puñetero día has esperado quince años para que tengamos la conversación más larga de nuestras vidas por chat. Y el tío otra vez que si me pareces muy guapa, que si te sorprende o te flipa que te hable. Y ahí me dí cuenta. Yo en el instituto fui feliz. De verdad, después de años de infierno en el colegio, el insti me pareció una gloria. Pero pasaba bastante desapercibida. Tenía mis amigos, mi gente, mi grupo e iba a mi bola. El mongoloide éste era del grupo de guays que se creen por encima del bien y del mal y que si te hablan te tienes que sentir súper halagada. Y como es retrasado, se debe creer que sigo ahí, en la clase de 2ºB, esperando a que voecencia se digne a dirigirme la palabra. Y por eso cree que flipo como una quinceañera porque me hable. Y entonces empezó a subirme la mala leche por la garganta, porque ese tipo de chicos engreídos y absurdos siempre me han repateado. Y me repite, por enésima vez que siempre le he parecido muy guapa. Y claro, le dije que si eso le funcionaba alguna vez, que si en algún momento de su existencia ha conseguido ligar con algo tan tonto. Y me dice que se acaba de separar. No, si ya. Y estás echando el anzuelo a ver qué pescas cada vez que ves un charco. Pues anda a pastar, majete. Y ya, para remate de los remates, me dice que ahora es policía. POLICÍA. A mí. ¡¡A mí!! A mí, que el único policía que tolero es a mi amigo el poli porque intento no pensar a lo que se dedica. Mi respuesta a que era policía fue “No me jodas”. Textual. Y añadió “sí, policía municipal.” ¿¿Munipa?? ¿Encima munipa? Por favor. Al menos los nacionales imponen un poco más. Un municipal es un tonto con pistola. Bueno, eso es obvio en este caso.
Total, que como estaba ya muy cansada de la conversación más estúpida y surrealista con el tío más tonto del planeta, me lo intenté quitar de encima. Y va, y me dice que si tengo pareja, que no quiere molestar.
A ver, que me da, que me da, que os juro que me da. Ya sabía que estaba intentando ligar, pero esa es la forma más cutre de demostrarlo. Y ¿molestar? Si tengo pareja o no es independiente de que me molestes. Yo tengo amigos cuando tengo novio, no es incompatible. Y me gusta que mis amigos me hablen aunque mi novio esté delante. Y si no me gustas, si no quiero nada contigo, no es porque tenga novio o no. Y es que me jode mucho eso. No quiero nada contigo porque YO NO QUIERO, no porque tenga o deje de tener nada, que no soy de la posesión de nadie. Y me tienes que respetar a mí y mi decisión, no la del hombre que haya o no conmigo. No es él a quien tienes que respetar, es a mí, que no me gustas. Coño ya, joder. Me cago en todo.

En fin, que no sé qué mierda pasa con los tíos, pero desde luego no tengo ganas de averiguarlo con este tío.  

sábado, 2 de diciembre de 2017

Crecepelo que no es una tomadura de pelo.

Hace mucho que nos os cuento alguno de mis trucos como si fuera una youtuber influencer absurder de la praderer. Pero éste lo mola todo y sé que a más de una le va a venir bien.
Sabéis que yo soy bastante dejada del mundo beauty en general, pero hay dos asuntos de belleza que me quitan la vida. Uno es el melasma o manchas de la cara por las putas hormonas. El otro es el pelo. Para la cara uso de todo. Tengo unas cuantas marcas de confianza y voy alternando productos para las manchas. La verdad es que no se quitan del todo, pero las tengo bastante controladas y apenas se notan si me doy por encima un poquito de corrector.
En cuanto al pelo, llevamos un año complicado. En junio me lo corté a la mitad de como lo llevaba. Así en plan, hala, a tomar vientos. Y bien. El problema es que entre disgustos, estrés, empezar a trabajar, separarme del Ross, comer un poco peor por los cambios de hora y el trabajo por la tarde y tal... se me empezó a caer a puñados. En serio, era horrible, sobre todo por la parte de lo que serían las entradas se me cayó muchísimo. Incluso al lado de donde me hago la raya llegué a tener una zona un tanto despoblada. No es que fuera calva, porque tengo mucho pelo, pero se notaba menos densidad de la normal. Me empecé a acojonar y a pensar que los genes chungos de la familia de mi madre estaban haciendo acto de presencia.
Entonces empecé a tomar un suplemento vitamínico que recetaron a mi madre hace años y que le va muy bien (Vitacrecil, por si a alguien le interesa). También pedí cita en el dermatólogo, pero me la dieron para diciembre, así que podría haberme quedado calva esperando, literalmente. Total, que me puse a tomar esas cápsulas. También me corté de nuevo el pelo por debajo del hombro. Y, aquí viene mi consejo, compré un líquido de herbolario que se supone que estimula el crecimiento y no sé qué. Se llama Rathma y es un botecito de cristal.
La verdad es que yo no soy muy fan de los productos de herbolario y lo compré con una fe relativa. Pero bueno, son 6 euros y me dije que la pérdida no sería tanta. Según el frasquito, lo que viene son dos dosis, la mitad para cada vez. Dice que se puede usar cada 3-4 días y que se puede utilizar en cabello húmedo o seco. Como eso me parecía mucho, lo eché en un bote de spray y me lo echo por las raíces después de lavármelo, siempre en mojado, un par de veces a la semana. Obviamente, uso muchísimo menos de lo que en principio recomiendan, por lo que me cunde el bote unas diez veces más de lo que dice. Lo masajeo un poco y luego me lo seco normal, al aire en verano, con secador ahora.
Los efectos inmediatos es que es verdad que el pelo se ensucia algo menos, que coge más fuerza y volumen y que está bonito. Los efectos a largo plazo (en un mes o dos se nota) es que te crece el pelo muchísimo. A mí al menos ha sido exagerado. Tengo que hacerme las mechas un mes antes de lo que pensaba porque las raíces que llevo son horribles. No hice fotos del antes y después porque no lo pensé en su momento, pero os aseguro que me ha crecido el pelo el doble de lo normal para dos meses que lo llevo usando. También me ha salido muchísimo pelo nuevo. Tanto, que estoy renegada porque en esas zonas “despobladas” ahora tengo mechones de pelos cortos que se me quedan de punta y parecen cuernos. De hecho, voy a hacerme flequillo de nuevo porque no puedo hacerme una simple coleta sin que ese mechón se quede ridículamente de punta. Y es un señor mechón, no son cuatro pelos mal contados, no. Es una buena cantidad de pelos pequeños que me están saliendo y que van a su bola, sin atender a razones y quedarse en su sitio.
La conclusión del asunto es que este producto funciona. Hace que te crezca el pelo más rápido, hace que te salga más pelo y es verdad que le da un aspecto más brillante y bonito. ¿Lo malo? Huele a colonia cutre de hombre, tipo Varon Dandy. Lo bueno es que se va ese olor en cuanto se seca.
Quiero puntualizar que nadie me paga nada por este post. No es un post patrocinado. No es un post recomendado. No es nada más que mi experiencia. A mí me ha funcionado el liquidito en combinación con las cápsulas, pero a mí, repito. A lo mejor a otra persona no le hace el mismo efecto. Yo, bajo mi experiencia, desde luego sí lo recomiendo si quieres que te crezca el pelo más rápido o si te ha pasado como a mí y por una racha mala se te ha caído más de la cuenta. Ya me contaréis si alguien se anima a probarlo.





El líquido en cuestión. Viene en este botecito tal cual, se puede comprar en casi cualquier herbolario y cuesta unos 6 euros. (He cogido la foto de internet, yo tiré el frasco, lo siento)
Las cápsulas. También lo hay en sobres. No sé lo que cuesta porque me lo compró mi madre, pero depende bastante de la farmacia. Se supone que hay que tomarlas al menos tres meses seguidos. (La foto tampoco es mía, no tenía ganas de ventarme a fotografiar la caja)